Hay un dicho popular: “El ladrón juzga por su condición”. Evidentemente estamos en otra de las batallas culturales que el régimen nos somete día a día. En este debate que se instala en forma despectiva y estigmatizada desde hace años: “el empleado público”, “la empleomanía”. No es nuevo y muchas veces viene desde adentro, incluso de algún jubilado estatal, lo que lo hace más cruel, horroroso y regresivo hasta antes de 1816, porque hasta en el Virreinato funcionaba con empleados públicos, soldados importados, empleados y consejeros “nobles”, brujos y curanderos, siempre propensos a servir al extranjero, propio de la mente de un colono. Relacionar la función y misión del trabajador público con “empleomania”, es para no ofender al que invoca el término de poco inteligente. Creo no equivocarme al pensar que alguien en la Argentina no haya necesitado del Estado, aunque el detractor crea que un semáforo funcione mejor que un varita. Se dice también que el peronismo es el que más empleos públicos generó “para ganar elecciones” realmente debimos haber sido muy malos en la selección, porque nunca ganamos con votantes de la administración pública, ni siquiera con beneficiarios de programas de viviendas, como es el caso de Lomas de Tafi, la obra más importante que se hizo en la provincia en política de hábitat social, no solo por la cantidad de viviendas, su infraestructura de agua, cloacas, desagües pluviales, urbanización, etc.; una ciudad dentro de otra. Desde que se inauguró y se ocupó, perdimos todas las elecciones. Es un tema que pasa por la educación, la información y por la adjudicación. El General Perón decía con sabiduría: “hay una sola clase de hombres, los que trabajan”. Es verdad, el Estado es el mayor receptor de trabajadores y trabajadoras, la educación, la seguridad, el transporte (desde que dejó de ser público decae cada vez más; los países desarrollados lo siguen manteniendo), requieren recursos humanos idóneos y responsables, sabiendo que su principal jefe es su vecino y los habitantes de su provincia, municipio, comuna, etc. ¿Hay alguna profesión elegida con vocación que tenga la cantidad y complejidad, de las que en el Estado? No, no la hay. ¿Hay alguna obra privada que tenga la dimensión y complejidad que una obra pública? ¿Hay un sanatorio privado que tenga la dimensión, el equipamiento, los recursos humanos y la cantidad de pacientes que un hospital público? ¿Un establecimiento privado educativo en zonas rurales, de alta montaña, barrios populares? En un pueblo de 3.000 habitantes solo existe una escuela pública. ¿Hubiera habido energía eléctrica en zonas rurales sin la intervención del Estado a través del Fondo de Desarrollo del interior, hoy utilizado para obras que debe hacer EDET o la empresa de transporte? Mi profesión es la de arquitecto, en la UNT trabajé antes y después de recibirme, pero mi verdadera vocación y actitud de servicio la adquirí en el Estado, debo decir también que mi formación política me ayudó muchísimo y me enorgullece decirlo, aunque mi ingreso no fue ni me pidieron que vote al peronismo. Hay una deuda muy grande de la política con el sector público. Su reorganización por actividad, con ascensos por mérito según la carrera, sin dejar de tener en cuenta que cualquiera sea el Poder en que desarrolla su actividad, es sin duda alguna un trabajador público. Desterrar el concepto libertario de que el responsable de todos los males es el sector público, del cual ellos son parte. Estamos en días de celebración de nuestra Independencia; Dios nos dé la sabiduría de entender a Francisco cuando reflexionaba con el concepto de Patria como la casa de todos y para todos. La Patria no se vende, se la protege.
Ángel Salvador Logusso
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